La Zona de Desarrollo Institucional

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La amplia mayoría de docentes conocerá la teoría sociocultural de Vygotsky de carácter constructivista. Una de sus principales aportaciones se refería al concepto de la “zona de desarrollo próximo”. Según el psicólogo; la ZDP es la distancia real que existe entre lo que el alumno sabe y conoce y lo que puede llegar a saber y conocer con la mediación de otros (esta sería la zona de desarrollo potencial). A medida que se da la oportunidad al alumnado de mejorar sus habilidades y conocimientos, esta zona de desarrollo se hace más grande y por tanto, la zona de desarrollo potencial también se amplía. El saber no ocupa lugar, dicen. Siempre habrá algo nuevo que aprender en el horizonte.

Pero ¿qué tiene que ver esto con el título de este post? Pues que a los docentes nos pasa algo parecido y debemos hacernos conscientes para utilizarlo a nuestro favor.

Cuando salimos de la facultad tenemos una zona de desarrollo próximo aparentemente cargada de habilidades y conocimientos (la práctica ya es otra cosa). Nuestro potencial se vislumbra cuando entramos a las aulas y nos damos cuenta tristemente de que lo que “creíamos saber” de poco nos sirve ahora. Tenemos dos opciones: utilizar lo que ya sé y conozco para enfrentarme a la situación (que funcionará en un principio pero puede que pierda efectividad con el tiempo); o dejarme guiar por “otros” (no necesariamente expertos ni gurús) para ampliar mi ZDP y encontrar nuevas fórmulas que funcionen en mi trabajo cuando las situaciones cambiantes lo demanden. Hasta aquí queda bastante claro y sabemos que la mayoría de docentes continúa formándose. Pero entonces entra en juego lo que podemos llamar “Zona de desarrollo institucional” (ZDI), que es el abanico de posibilidades que de forma más o menos limitada nos ofrecen las instituciones para las que trabajamos (el propio centro educativo, equipos directivos, Consejerías de educación, leyes, etc.). Esta zona suele ser limitada y deja a los docentes pocas oportunidades para ampliar sus habilidades y conocimientos; al menos de la forma en que la sociedad necesita que respondamos los educadores. La ZDI se asemeja a la ZD próximo: es el paquete básico que todo docente tiene para su actuación. Lo que ocurre es que quien determina este paquete básico, en la mayoría de casos, no está en las aulas con el alumnado. Por esto los docentes estamos continuamente buscando ampliar esta zona, buscando nuestra propia formación y aprovechando por supuesto, los recursos que las instituciones también nos brindan (pero que no todos los docentes se molestan en aprovechar, seamos claros.)

A veces pasa que la ZDI nos limita mucho en nuestro rango de actuación y entramos en el bucle de “no hay tiempo para todo, tengo que hacer esto porque lo exige la ley, la ratio tan elevada no nos permite trabajar mejor, etc.” ¿Os suena? Todos hemos tenido esos pensamientos. La diferencia está en hacer nuestro trabajo respondiendo a lo que las instituciones estrictamente nos piden o ampliar nuestra actuación cumpliendo con la ZDI a la vez que adaptamos a nuestra forma de ver la educación lo que las instituciones nos piden. Esto no significa necesariamente trabajar de más, sino aplicar fórmulas debidamente planificadas y pensadas que nos permitan dar nuestras clases tal y como la sociedad actual nos demanda. Muchos tenemos claro que ni las leyes, ni los espacios, ni los medios, ni la formación de los docentes están dando los frutos necesarios en el alumnado que tenemos hoy en día.

Pero ¿qué podemos hacer? Si no quiero trabajar de más, pero no me conformo con lo que me ofrece la ZDI, tengo que ampliarla con mi ZD personal: adaptar la ley a la realidad, puedo cumplir con la burocracia pero apoyarme en mis compañeros para hacerlo de forma más operativa, delegar en la medida de lo posible (si pretendo hacerlo yo todo, voy a sufrir con unas expectativas difícilmente alcanzables), si tengo que jugar con las ratios imposibles podemos probar diferentes agrupamientos, como no podemos esperar a que contraten a más profesores, tendré que hacer más autónomos a los alumnos y si no me gusta el trabajo por asignaturas, puedo flexibilizar las sesiones, jugar con la interdisciplinariedad, tirar muros, introducir metodologías activas, reducir libros; que a veces dan más trabajo que el que aparentemente facilitan, etc.

En la zona de desarrollo personal nosotros somos los jefes de nuestro camino. Aunque tengamos un punto de partida, un currículum prescriptivo y unas leyes educativas, también tenemos libertad para diseñar el cómo enseñar. Esto, como he dicho, debe surgir de una planificación y sobre todo, anticipación. No cabe la improvisación en nuestras programaciones ni tampoco en nuestra actuación coordinada con los diferentes agentes educativos, que recordemos es clave para ampliar esta ZDI.

En definitiva, se trata de tener presente que tenemos a nuestra disposición una amplia zona de desarrollo personal, que nadie decide por nosotros; que es la suma de los recursos que las instituciones ponen a nuestra disposición junto a todo aquello que podemos añadir o transformar a partir de esa ZDI. Que no podemos conformarnos con las habilidades y conocimientos que tenemos y debemos alimentar el potencial de aprendizaje, porque el futuro de la docencia no será el que la ZDI nos exija sino el que el alumnado ya nos está pidiendo a gritos.

 

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