La Zona de Desarrollo Institucional

La Zona de Desarrollo Institucional

La amplia mayoría de docentes conocerá la teoría sociocultural de Vygotsky de carácter constructivista. Una de sus principales aportaciones se refería al concepto de la “zona de desarrollo próximo”. Según el psicólogo; la ZDP es la distancia real que existe entre lo que el alumno sabe y conoce y lo que puede llegar a saber y conocer con la mediación de otros (esta sería la zona de desarrollo potencial). A medida que se da la oportunidad al alumnado de mejorar sus habilidades y conocimientos, esta zona de desarrollo se hace más grande y por tanto, la zona de desarrollo potencial también se amplía. El saber no ocupa lugar, dicen. Siempre habrá algo nuevo que aprender en el horizonte.

Pero ¿qué tiene que ver esto con el título de este post? Pues que a los docentes nos pasa algo parecido y debemos hacernos conscientes para utilizarlo a nuestro favor.

Cuando salimos de la facultad tenemos una zona de desarrollo próximo aparentemente cargada de habilidades y conocimientos (la práctica ya es otra cosa). Nuestro potencial se vislumbra cuando entramos a las aulas y nos damos cuenta tristemente de que lo que “creíamos saber” de poco nos sirve ahora. Tenemos dos opciones: utilizar lo que ya sé y conozco para enfrentarme a la situación (que funcionará en un principio pero puede que pierda efectividad con el tiempo); o dejarme guiar por “otros” (no necesariamente expertos ni gurús) para ampliar mi ZDP y encontrar nuevas fórmulas que funcionen en mi trabajo cuando las situaciones cambiantes lo demanden. Hasta aquí queda bastante claro y sabemos que la mayoría de docentes continúa formándose. Pero entonces entra en juego lo que podemos llamar “Zona de desarrollo institucional” (ZDI), que es el abanico de posibilidades que de forma más o menos limitada nos ofrecen las instituciones para las que trabajamos (el propio centro educativo, equipos directivos, Consejerías de educación, leyes, etc.). Esta zona suele ser limitada y deja a los docentes pocas oportunidades para ampliar sus habilidades y conocimientos; al menos de la forma en que la sociedad necesita que respondamos los educadores. La ZDI se asemeja a la ZD próximo: es el paquete básico que todo docente tiene para su actuación. Lo que ocurre es que quien determina este paquete básico, en la mayoría de casos, no está en las aulas con el alumnado. Por esto los docentes estamos continuamente buscando ampliar esta zona, buscando nuestra propia formación y aprovechando por supuesto, los recursos que las instituciones también nos brindan (pero que no todos los docentes se molestan en aprovechar, seamos claros.)

A veces pasa que la ZDI nos limita mucho en nuestro rango de actuación y entramos en el bucle de “no hay tiempo para todo, tengo que hacer esto porque lo exige la ley, la ratio tan elevada no nos permite trabajar mejor, etc.” ¿Os suena? Todos hemos tenido esos pensamientos. La diferencia está en hacer nuestro trabajo respondiendo a lo que las instituciones estrictamente nos piden o ampliar nuestra actuación cumpliendo con la ZDI a la vez que adaptamos a nuestra forma de ver la educación lo que las instituciones nos piden. Esto no significa necesariamente trabajar de más, sino aplicar fórmulas debidamente planificadas y pensadas que nos permitan dar nuestras clases tal y como la sociedad actual nos demanda. Muchos tenemos claro que ni las leyes, ni los espacios, ni los medios, ni la formación de los docentes están dando los frutos necesarios en el alumnado que tenemos hoy en día.

Pero ¿qué podemos hacer? Si no quiero trabajar de más, pero no me conformo con lo que me ofrece la ZDI, tengo que ampliarla con mi ZD personal: adaptar la ley a la realidad, puedo cumplir con la burocracia pero apoyarme en mis compañeros para hacerlo de forma más operativa, delegar en la medida de lo posible (si pretendo hacerlo yo todo, voy a sufrir con unas expectativas difícilmente alcanzables), si tengo que jugar con las ratios imposibles podemos probar diferentes agrupamientos, como no podemos esperar a que contraten a más profesores, tendré que hacer más autónomos a los alumnos y si no me gusta el trabajo por asignaturas, puedo flexibilizar las sesiones, jugar con la interdisciplinariedad, tirar muros, introducir metodologías activas, reducir libros; que a veces dan más trabajo que el que aparentemente facilitan, etc.

En la zona de desarrollo personal nosotros somos los jefes de nuestro camino. Aunque tengamos un punto de partida, un currículum prescriptivo y unas leyes educativas, también tenemos libertad para diseñar el cómo enseñar. Esto, como he dicho, debe surgir de una planificación y sobre todo, anticipación. No cabe la improvisación en nuestras programaciones ni tampoco en nuestra actuación coordinada con los diferentes agentes educativos, que recordemos es clave para ampliar esta ZDI.

En definitiva, se trata de tener presente que tenemos a nuestra disposición una amplia zona de desarrollo personal, que nadie decide por nosotros; que es la suma de los recursos que las instituciones ponen a nuestra disposición junto a todo aquello que podemos añadir o transformar a partir de esa ZDI. Que no podemos conformarnos con las habilidades y conocimientos que tenemos y debemos alimentar el potencial de aprendizaje, porque el futuro de la docencia no será el que la ZDI nos exija sino el que el alumnado ya nos está pidiendo a gritos.

 

EL DESARROLLO CURRICULAR EN ALUMNADO CON TEA

EL DESARROLLO CURRICULAR EN ALUMNADO CON TEA

La dinámica del aula puede ser difícil de soportar para niños y niñas con Trastorno del Espectro Autista. La carga lectiva y horaria no se vive igual bajo la forma en que ellos perciben el mundo y esto a menudo repercute en su rendimiento, estado emocional y por supuesto, se refleja en su aprendizaje académico.

Mi experiencia como maestra de PT en un colegio ordinario me ha hecho ver las necesidades de este alumnado en todas sus facetas y he llegado a comprender un poco mejor de qué manera el sistema educativo todavía no tiene en cuenta suficientemente estas necesidades a la hora de asegurar su aprendizaje a nivel curricular.

En este post os cuento algunas pautas para favorecer este desarrollo curricular en niños y niñas con TEA que bajo mi experiencia, han funcionado:

  • Es fundamental ser honestos con la familia. Informarles de la capacidad real que tiene su hijo/a y qué materiales son los más adecuados en base a esto. A veces, sólo se tiene en cuenta la edad cronológica para determinar con qué libro aprenderán… y hay muchos factores a tener en cuenta.
  • La ubicación en el aula y disposición del mobiliario: una clase amplia con pocos distractores facilitará el aprendizaje, pues les dispersa el exceso de material. Igualmente, trataremos de mantener un clima silencioso, ya que pueden tener hiper o hiposensibilidad a estímulos habituales para otros como una tiza al escribir o un leve portazo.
  • Facilitar su autonomía para no generarles una dependencia continua del profesor para sacar sus materiales, iniciar tareas, etc. Desde pequeños debemos facilitar que tengan el método de apoyo correcto para la comprensión (ya sean fotos, pictogramas, historias sociales…) y sus materiales preparados y a su alcance.
  • Ofrecerles más descansos; por ejemplo, dejarles que se muevan entre ejercicios, que beban agua cada poco tiempo o revisar con ellos su horario o panel de tareas para asegurarnos que siguen la rutina, ya que a menudo necesitan descargar motrizmente la energía, sobre todo en los casos en que se asocia hiperactividad. Por eso cuando llega el recreo vemos a muchos corriendo a toda velocidad…
  • Tener en su mesa indicadores visuales que les ayuden a seguir rutinas de trabajo (como una secuencia de tareas en pictograma) y asegurarnos cada poco tiempo de que se anticipan a ellas y comprenden lo que va a pasar. Seguramente así evitaremos conductas disruptivas a causa de la incomprensión del entorno.
  • Que se sienten en equipo con compañeros que les aporten estabilidad y le “tutoricen” cuando lo necesiten. Es bueno que identifiquen a los iguales como personas que les pueden ayudar y no sólo tener de referencia al tutor/a.
  • Ser flexibles por ellos. Es más importante asegurar su estabilidad emocional que terminar los ejercicios de tal página o que hagan un examen. La carga de tareas sin una estructura adecuada para ellos, les puede agobiar hasta el punto de obsesionarse, desarrollar rechazo a la escritura, tener ansiedad, etc. Hay que tener en cuenta que debemos reducir la cantidad de tarea, los tiempos de estudio en casa y la presión que suponen los deberes.
  • Si tenemos que parar el trabajo, no pasa nada. Algunos días las tareas del colegio se pueden terminar en casa, en lugar de llevar deberes. Se puede pactar con la familia qué partes de una ficha/libro/examen se harán y cuáles se pueden dejar para el futuro. Podemos incluir en la contraportada de sus libros un taco de post-it para apuntar dudas que surjan realizando un ejercicio concreto para que los maestros le orienten al respecto. De esta forma se verá de forma más rápida que si se pone en la agenda (que a veces no sacan de la mochila).
  • Evitaremos la frustración siempre que sea posible. En ese estado NADIE es capaz de aprender. Mantener el equilibrio entre el trabajo curricular y su bienestar socio-emocional es la clave para no saturarles y que sean receptivos ante el hábito de trabajo. Es vital aprovechar las horas en las que estén más centrados para que realicen el trabajo que les requiera más esfuerzo (áreas de mayor carga lectiva) y dedicar las sesiones en las que estén más nerviosos a tareas más creativas, trabajo de emociones, habilidades sociales, etc. Mi experiencia es que cuando se concentran y la tarea les gusta, el tiempo ya no es un problema.
CÓMO  UTILIZAR EL RINCÓN DE LA PAZ

CÓMO UTILIZAR EL RINCÓN DE LA PAZ

Se acerca el día de la Paz, pero muchos niños y niñas apenas comprenden de una manera muy superficial cómo pueden contribuir a un mundo más pacífico. Podemos empezar por la creación de un espacio en el aula dedicado en exclusiva al trabajo en una habilidad básica para sus vidas como será la práctica de la convivencia adecuada y que les servirá para comprender y regular sus emociones.

 

Muchas personas conoceréis de sobra el recurso de “la mesa de la paz” o cualquier nombre que os guste ponerle. Se puede realizar desde la etapa de educación infantil para ir acostumbrando al alumnado a que es una parte tan importante de su aprendizaje como el rincón de las letras o de las construcciones. Pero, ¿cómo empezar?

Pues como cada nuevo aprendizaje, debería hablarse con el alumnado, y a través de preguntas, recoger sus sugerencias para construir un rincón de la paz acorde a sus necesidades. ¿Qué elementos puede contener según la etapa? 

En infantil se puede incluir unos cojines o mesa bajita para sentarse, un peluche para acariciar, una lámpara bonita, pelotas blanditas para estrujar, plumas para hacerse cosquillas, un cartel con las emociones básicas para identificar en cuál están, etc.

En primaria la zona puede tener un mayor tamaño y albergar varias sillas para ir en pareja (si es necesario) y algunos elementos interesantes serán: cuenco tibetano, objeto para sujetar mientras habla cada persona (representando el respeto del turno), pelota anti-estrés, papel para romper, papel de burbujas para hacerlas explotar, juego de trasvase (por ejemplo lentejas, garbanzos…), plastilina, cuento corto sobre emociones, dibujo con la rueda de soluciones, reloj de arena, etc.

En secundaria es bastante difícil tener un rincón como tal dentro de las aulas ya que el alumnado se mueve. Por lo tanto se podría instalar en cada pasillo o zona común del centro, bajo la supervisión siempre de algún docente. Esta zona también contaría con varias sillas donde se sentarían los alumnos y alumnas a resolver conflictos. Puede contener también: diario de conflictos, hojas con contratos de conducta (a firmar por alumnos y docentes con sus compromisos), rueda de soluciones elaborada por el alumnado en las horas de tutoría, temporizador para controlar el tiempo que pasas allí, un pequeño saco de boxeo para golpear (nada mejor para la ira), un jardín zen (con arena para rastrillar), papel para dibujar, colores, etc.

Una vez que se ha diseñado el espacio, os quiero dar algunos consejos sobre su utilización

1. Es conveniente fijar al menos una sesión semanal para trabajar sobre dinámicas que impliquen el uso correcto de esta zona de la paz.

2. Ponerle un nombre que guste a todos y todas. Algunas ideas que os pueden resultar útiles (y según la edad) serán: Hawai, zona relax, mesa de la tranquilidad, espacio blanco, aparcamiento, el spa, etc. 

3. Dejar claro que no es un lugar de castigo cuando alguien se “sobreemociona” de alguna manera, pero tampoco es un espacio fuera de las normas del aula al que se puede acudir sin supervisión ninguna. Es un “tiempo fuera positivo” que les ayudará a regularse, así debemos explicárselo.

4. Pactar mediante lluvia de ideas las normas de utilización según la edad. Por ejemplo: deben pedir permiso, registrar la emoción que sienten de alguna manera, hacer un uso adecuado de los materiales, no permanecer más de 10 minutos ni acudir más de dos veces en un día…

5. Revisar periódicamente si las normas acordadas sobre el uso del rincón están funcionando. Por ello es importante meter en horario este trabajo…

6. Buenas noticias, ¡los maestros también podemos ir! No hay mejor aprendizaje para el alumnado que vernos a nosotros dar el ejemplo adecuado. Así que cuando estés a punto de enfadarte o de estallar con tu clase… retírate al rincón unos minutos para que vean que tu actitud a la vuelta es de cooperación para solucionar pacíficamente el problema, y no de castigarles.

7. ¿Qué pasa si el rincón se convierte en una excusa para no trabajar? Entonces ese alumno o alumna tiene otro problema y por alguna razón que deberás averiguar, prefiere estar en el rincón que participando en clase… y se debe hablar de forma individual o en grupo, ayudándote de la lluvia de ideas que todos pueden aportar.

Bibliografía:

“Disciplina positiva en el salón de clase” Jane Nelsen, Lynn Lott y Stephen Glenn.

 

Muchas personas conoceréis de sobra el recurso de “la mesa de la paz” o cualquier nombre que os guste ponerle. Se puede realizar desde la etapa de educación infantil para ir acostumbrando al alumnado a que es una parte tan importante de su aprendizaje como el rincón de las letras o de las construcciones. Pero, ¿cómo empezar?

Pues como cada nuevo aprendizaje, debería hablarse con el alumnado, y a través de preguntas, recoger sus sugerencias para construir un rincón de la paz acorde a sus necesidades. ¿Qué elementos puede contener según la etapa? 

En infantil se puede incluir unos cojines o mesa bajita para sentarse, un peluche para acariciar, una lámpara bonita, pelotas blanditas para estrujar, plumas para hacerse cosquillas, un cartel con las emociones básicas para identificar en cuál están, etc.

En primaria la zona puede tener un mayor tamaño y albergar varias sillas para ir en pareja (si es necesario) y algunos elementos interesantes serán: cuenco tibetano, objeto para sujetar mientras habla cada persona (representando el respeto del turno), pelota anti-estrés, papel para romper, papel de burbujas para hacerlas explotar, juego de trasvase (por ejemplo lentejas, garbanzos…), plastilina, cuento corto sobre emociones, dibujo con la rueda de soluciones, reloj de arena, etc.

En secundaria es bastante difícil tener un rincón como tal dentro de las aulas ya que el alumnado se mueve. Por lo tanto se podría instalar en cada pasillo o zona común del centro, bajo la supervisión siempre de algún docente. Esta zona también contaría con varias sillas donde se sentarían los alumnos y alumnas a resolver conflictos. Puede contener también: diario de conflictos, hojas con contratos de conducta (a firmar por alumnos y docentes con sus compromisos), rueda de soluciones elaborada por el alumnado en las horas de tutoría, temporizador para controlar el tiempo que pasas allí, un pequeño saco de boxeo para golpear (nada mejor para la ira), un jardín zen (con arena para rastrillar), papel para dibujar, colores, etc.

Una vez que se ha diseñado el espacio, os quiero dar algunos consejos sobre su utilización

1. Es conveniente fijar al menos una sesión semanal para trabajar sobre dinámicas que impliquen el uso correcto de esta zona de la paz.

2. Ponerle un nombre que guste a todos y todas. Algunas ideas que os pueden resultar útiles (y según la edad) serán: Hawai, zona relax, mesa de la tranquilidad, espacio blanco, aparcamiento, el spa, etc. 

3. Dejar claro que no es un lugar de castigo cuando alguien se “sobreemociona” de alguna manera, pero tampoco es un espacio fuera de las normas del aula al que se puede acudir sin supervisión ninguna. Es un “tiempo fuera positivo” que les ayudará a regularse, así debemos explicárselo.

4. Pactar mediante lluvia de ideas las normas de utilización según la edad. Por ejemplo: deben pedir permiso, registrar la emoción que sienten de alguna manera, hacer un uso adecuado de los materiales, no permanecer más de 10 minutos ni acudir más de dos veces en un día…

5. Revisar periódicamente si las normas acordadas sobre el uso del rincón están funcionando. Por ello es importante meter en horario este trabajo…

6. Buenas noticias, ¡los maestros también podemos ir! No hay mejor aprendizaje para el alumnado que vernos a nosotros dar el ejemplo adecuado. Así que cuando estés a punto de enfadarte o de estallar con tu clase… retírate al rincón unos minutos para que vean que tu actitud a la vuelta es de cooperación para solucionar pacíficamente el problema, y no de castigarles.

7. ¿Qué pasa si el rincón se convierte en una excusa para no trabajar? Entonces ese alumno o alumna tiene otro problema y por alguna razón que deberás averiguar, prefiere estar en el rincón que participando en clase… y se debe hablar de forma individual o en grupo, ayudándote de la lluvia de ideas que todos pueden aportar.

Bibliografía:

“Disciplina positiva en el salón de clase” Jane Nelsen, Lynn Lott y Stephen Glenn.

ESTRATEGIAS PARA LOS PROBLEMAS DE CONDUCTA.

ESTRATEGIAS PARA LOS PROBLEMAS DE CONDUCTA.

¿Quién no tiene en su aula o conoce de cerca casos de alumnos con problemas de conducta? 

Me gustaría daros algunos trucos para conseguir que estos alumnos y alumnas participen en el aula y sobre todo, puedan aprovechar su escolarización de la mejor manera posible. No necesariamente hablamos de niños y niñas con un diagnóstico ya establecido como podría ser el Trastorno negativista desafiante, sino que los problemas de conducta pueden darse de forma aislada, puntual o transitoria igualmente en alumnos y alumnas sin ninguna “etiqueta” concreta pero que igualmente necesitan nuestra ayuda.

 

  1. Dale un voto de confianza: conoce al niño o la niña antes de dejarte llevar por la “fama” que le precede. Algunas veces, un cambio de profesor puede ocasionar un cambio de actitud radical en los alumnos. Ellos y ellas notan quién confía y quién ha tirado la toalla. ¿Para qué esforzarme si piensan que soy molesto/a? Su autoestima es más baja de lo que parece.

  2. Pregúntale cuáles son sus intereses: por muy apáticos que puedan parecer, siempre tendrán algo que les motive. Si les gusta un videojuego concreto, puedes adaptar tareas con personajes  de dicho videojuego o dejarle que haga un dibujo sobre él al terminar una tarea. Reconoce sus logros por pequeños que sean y ve aumentando la exigencia muy poco a poco, por ejemplo poniéndole tiempos de trabajo con un temporizador, haciendo un registro de logros que vaya construyendo por sí mismo/a, etc.

  3. Organiza el aula de manera que se sienta útil y aceptado: los niños y las niñas sólo quieren pertenecer y sentirse queridos en el grupo (al igual que los adultos). Por eso, dales una responsabilidad semanal que vaya rotando. Deben cambiar de rol y a veces ayudar, otras ser ayudados… ya que por lo general suelen rechazar la ayuda y crearse una coraza de superioridad que no es real. Trata de valorar positivamente sus fortalezas y ayudarle a superar sus debilidades.

  4. Atiende sus llamadas de atención de la forma correcta: en su mayoría, las conductas disruptivas son grandes llamadas de atención. Han perdido el sentimiento de importancia y pertenencia, ya sea en su ámbito familiar o escolar, y es nuestra labor que lo recuperen. Ignorar estas conductas, como se ha hecho tradicionalmente, no es una opción. Hablar con ellos y ellas y darles una nueva motivación de la que puedan ocuparse por sí mismos, les va a empoderar y van a conectar de nuevo con sus fortalezas. Si le ignoras, seguirá sintiéndose cada vez más pequeño y con más necesidad de descontrolarse para llamar tu atención.

  5. No busques culpables, busca una solución: el castigo no es la mejor opción nunca, pero con este tipo de alumnos y alumnas, menos aún. Si ha hecho algo mal y le castigamos o sermoneamos, solo conseguiremos generar sentimientos de venganza y revancha. Hay que hablar con ellos y ellas para conocer la causa de sus conductas y poder buscar una solución con ayuda de todos. Cuando esté calmado o calmada, valida sus sentimientos, empatiza y hazle ver que le comprendes a pesar de haber sido firme y demostrar tu autoridad (que por supuesto, debe estar presente). Sólo así confiará en ti.

     

  6. Genera dinámicas de trabajo centradas en metodologías activas: la innovación es tu aliada. Estos alumnos y alumnas necesitan ser sorprendidos, movimiento, retos… todo ello puede abordarse aunque des clase con un libro de texto. ¡SÍ, SE PUEDE! La gamificación por ejemplo te permite crear un sistema de juego en el que todos los alumnos y alumnas van a participar con más entusiasmo. El trabajo por proyectos puede ser igualmente motivador porque los propios alumnos y alumnas eligen el eje vertebrador (atendemos a sus intereses) y el aprendizaje cooperativo genera mayor posibilidad de atender a la diversidad, de manera que si estos niños y niñas presentan diferente nivel curricular (que a menudo es así), se facilita su atención por la graduación de actividades dentro de un equipo.

  7. Evita comparaciones y señalarle: a veces se nos escapan comentarios hirientes delante de estos alumnos y alumnas. Cuando hablamos con otros profesores en su presencia, cuando delante de la clase le regañas… todo ello va creando una bola de negatividad en el niño o la niña que le genera sentimientos de incapacidad, culpabilidad, etc., que nunca van a propiciar que cambie, sino todo lo contrario. El alumno o la alumna puede pensar que no nos importa aunque por supuesto no es así. Ellos y ellas lo captan todo, pero interpretan como les permite su cerebro “a medio construir”, así que piensa mucho lo que dices en su presencia, y si no sabes si lo que vas a decir es beneficioso, mejor respira, cambia de tema o retírate a tiempo.

  8. Crea una zona para la resolución de conflictos: la mesa de la paz, el rincón de la amistad o como lo quieran llamar los propios alumnos y alumnas. Debe ser una zona tranquila de clase donde acudir a buscar soluciones, dialogar, exponer sus sentimientos, etc. Se deben introducir a nivel grupal dinámicas de cooperación y resolución de conflictos antes de acudir a este rincón por sí solos.

  9. Trabaja las emociones y la atención plena o Mindfulness: está demostrado que si los niños y niñas no tienen un buen conocimiento de las emociones, no saben ni siquiera explicar qué les pasa y por lo tanto actúan sin posibilidad de regular sus acciones. Además vivimos en una sociedad de menores sobre estimulados, que deben hacer esfuerzos sobrehumanos para centrar la atención en un único estímulo. Si ese estímulo es un libro o mirar a la profesora, va a ser más difícil aún conseguirlo si no se entrena. Puedes plantearte 10  minutos de ejercicios de mindfulness al día con tu grupo.  Hay multitud de recursos adecuados a niños y niñas que se pueden hacer en la escuela y va a beneficiar a todos a largo plazo.

  10. Sé flexible, paciente e inclusivo/a: trabaja desde inicio de curso estrategias dirigidas al control de la conducta con todo el grupo, de manera que no se note que haces algo especial para determinados alumnos y alumnas precisamente cuando están mostrando mala conducta, ya que no debemos contribuir más a etiquetarle como niño o niña conflictivo/a. De esta manera trabajamos desde la prevención y evitamos incluso que surjan nuevos casos (no es contagioso, pero a veces lo parece)

METODOLOGÍA MONTESSORI EN EL AULA DE PT

METODOLOGÍA MONTESSORI EN EL AULA DE PT

En este post os contaré cómo es mi forma de trabajo en el aula de Pedagogía Terapéutica. Se trata de cómo adapto la metodología Montessori a mi día a día, y lo quiero compartir porque creo que puede servir a cualquier docente, independientemente del aula  en la que trabaje y número de niños. ¿Intrigado/a? ¡Pues sigue leyendo!

Los elementos de trabajo que manejo con mis alumnos/as son los estándares de aprendizaje. Para cada niño/a selecciono aquellos estándares que pueden alcanzar en función de su Adaptación curricular y los resumo en una tabla por cada alumno/a, curso y asignatura adaptada. Es decir, si un alumno/a está en 4º de primaria, pero su nivel de competencia curricular en un área adaptada es de 2º de primaria, selecciono de los estándares de 2º todos aquellos que voy a trabajar. Aquí veis un ejemplo:

 

Una vez que tengo claro qué voy a trabajar con cada niño/a, paso a darles a ellos/as una tabla en la que volvemos a “traducir” juntos/as esos estándares que yo he seleccionado y les pregunto para ello: ¿cómo querrías trabajar esto? ¿Con qué tipo de texto te gustaría practicar la lectura?, ¿Te parece bien que pongamos este objetivo de esta forma?, etc.

De esta manera les hacemos protagonistas desde el principio de curso con la planificación de sus aprendizajes y son conscientes de lo que les vamos a pedir. Además, nos aseguramos que esos estándares van a conectar con sus intereses (porque les hemos preguntado) y por eso, van a tener más ganas de trabajar. Aquí os dejo un ejemplo de tabla con los estándares de un alumno de 4º con adaptación en el área de matemáticas a nivel de 2º:

¿Cómo funciona el día a día? Al llegar a la sesión en el aula PT, miran su tabla de estándares del área que les toque (generalmente lengua o mates) y eligen qué estándar (o cuáles) van a trabajar, coloreando la/las casillas correspondientes. El ritmo de trabajo lo marcan ellos y el material con el que trabajar también; aunque yo les animo a ir variando o cambiando de estándar si no les veo motivados.

Por ejemplo, una alumna decide trabajar en lengua el estándar de “escribir pequeños textos sobre mi serie favorita”. Puede decidir si lo quiere hacer en su cuaderno de apoyo, en el ordenador, en una pizarra blanca, etc.

¿Y cómo me organizo si cada alumno/a está trabajando algo distinto a los demás? La gran pregunta… donde aparece Montessori. Durante cada trimestre yo tengo en las mesas y estanterías del aula sólo el material que van a trabajar en este tiempo. Algunos son materiales propios de esta metodología (como las tablas de la suma, las letras de lija, el alfabeto móvil, el banco, las tablas de Seguin, etc.) y otros materiales son hechos o adaptados por mí. Previamente (en los primeros días del curso) les he explicado el funcionamiento de juegos y materiales, por lo que ya son autónomos cuando van a usarlos por sí mismos/as al elegir el estándar de trabajo.

Además, este conocimiento previo les ayuda a ser más creativos en su uso, crear nuevas formas de trabajo con ellos y en definitiva, ser capaces de auto regularse y no depender de la presencia del profesor para poder trabajar. Y por supuesto, no siempre trabaja cada niño un estándar diferente y les gusta unirse para hacer tareas juntos y ayudarse.

Finalmente, ahora os cuento la magia. ¡Tienen premio por trabajar! (ya que a mis alumnos/as les cuesta mucho ser autónomos). Hemos decidido entre todos/as que cada vez que completen una columna de casillas coloreadas (es decir, que hayan trabajado al menos una vez cada uno de sus estándares propuestos), pueden ir a una caja misteriosa que contiene premios. Estos premios se adecúan a sus intereses también porque les he preguntado a cada uno/a qué les gustaría encontrar. Os sorprenderá saber que me piden juegos de mates, pegatinas con letras… cosas que siguen siendo educativas. Obviamente, yo me encargo de meter en esa caja los premios sobre la marcha cuando veo que se van acercando a completar esas columnas de estándares. De esta forma, se “premia” que trabajen todos los estándares, no que elijan solo aquellos que menos les cuestan (que es lo que intentarían hacer).

Aquí veis un ejemplo de tabla del alumno cuando ya ha completado una columna de trabajo y por tanto puede pedir su premio.

¿Qué os ha parecido? Podéis mandarme vuestras preguntas por aquí y estaré encantada de resolverlas.

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