SÚPER FAN DE “EL EFECTO PIGMALION”

Ser fan es admirar algo o a alguien, seguirlo apasionadamente y yo, lo confieso, soy una acérrima fan de “El efecto Pigmalión”. Estamos hablando de la creencia que tiene una persona de poder influir en el rendimiento de otra. Se llama así por el mito griego de Pigmalión, un escultor que se enamoró de una estatua que había tallado y, al final, ésta acabó cobrando vida.

Este efecto Pigmalión aplicado al entorno escolar es tremendamente efectivo, práctico y muy positivo. Logra mejorar el rendimiento de los alumnos gracias a las expectativas de los profesores. Cuanto mayores son estas expectativas respecto al rendimiento escolar o al comportamiento, mayores son sus logros al sentirse más estimulados y al creerse de verdad que pueden alcanzar los objetivos.

Este súper efecto hace que reflexionemos a todos los niveles, ahora estamos ahondando en el ámbito académico, pero es también muy importante en el ámbito laboral y, por supuesto, en el familiar. Si nosotros a nuestros hijos, a nuestros alumnos o a nuestros compañeros les decimos que pueden, que se les quiere, que se les valora, que son capaces de hacer lo que se propongan, lograremos que se haga realidad. ¡Pruébalo!, de verdad, te garantizo que funciona. ¿Quién no le ha dicho alguna vez a su pareja lo maravillosamente bien que cocina?. Y, ¿qué ocurre?, que cocina más a menudo y trata de superarse la próxima vez.

Tú (nosotros) como docente puedes hacer que un alumno se comporte mejor, que obtenga mejores resultados académicos y, sobre todo, que adquiera un aprendizaje significativo, si logramos que su autoestima sea espléndida. Esto no significa que no vaya a ser capaz de aceptar y tener muy presentes sus limitaciones o errores, lo que se va a lograr es que intente superar esas limitaciones o enmendar los posibles errores.

Pero, ¡CUIDADO! porque al igual que las expectativas positivas influyen positivamente en el alumno, las negativas lo hacen negativamente. Debemos tener especial cautela en las etiquetas que ponemos porque estaremos condicionando su comportamiento. No olvidemos que se encuentran en pleno desarrollo físico, psicológico y afectivo y son tremendamente vulnerables, por lo que es bastante fácil que con nuestras palabras podamos alterar la autoconfianza de los niños. No debemos pasar por alto que una persona desarrolla su autoconcepto en función de las expectativas que depositan sobre ella las personas de referencia en su entorno.

Es decir, un niño va formando el concepto que tiene de sí mismo en base a las valoraciones que recibe de sus padres, de sus abuelos, de sus tíos, de sus maestros…Por eso desde aquí quiero lanzar un S.O.S, un “warning”, un recordatorio para TODOS los “profes” y las “profas”. Si a un determinado alumno ya nosotros mismos no le consideramos capaz de hacer ciertas cosas, muy probablemente va a acabar siendo incapaz de hacerlas. Y lo peor de todo es que no lo hará no porque no tenga capacidades o habilidades suficientes, sino porque los mensajes que le están llegando son que no puede, así que seguramente ni siquiera lo intentará.

Por descontado que nuestra autoestima, nuestra manera de ver la vida, de respetarnos a nosotros mismos, nuestra manera de sentir y de vivir en la felicidad, influirá y dejará una huella imborrable en todos y cada uno de nuestros alumnos.

 

“Juega, ríe y da” 

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