EL RECREO, UN DERECHO DE TOD@S

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En la actualidad se habla mucho en las escuelas de educación inclusiva, ¿pero realmente se cumple esta condición en todos los ámbitos educativos? ¿Todo el alumnado goza de las mismas oportunidades? ¿Todos los niños y niñas juegan y/o gozan de momentos de ocio en los recreos?

Albert Einstein afirmó que “jugar es la forma más elevada de investigación”. Pues bien, si hablamos de educación inclusiva, aquella que tiene por objetivo principal la participación de todo el alumnado presente en sus aulas, observaríamos que en muchos casos no ocurre esta premisa. Si observamos diferentes recreos, de diferentes partes del mundo, nos podríamos encontrar niños/as castigados sin recreo o alumnado que por sus dificultades en la interacción social, no gozan de la oportunidad de participar con sus iguales durante este período de descanso durante su jornada educativa. Hoy en día existen programas inclusivos que buscan la inclusión en el juego durante los recreos, como puede ser Patios y Parques Dinámicos de Gey Lagar extendido prácticamente por todo el territorio español (y en vías de desarrollo en la actualidad en Europa y América) o el proyecto PIAR de la Fundación RafaPuede en Murcia. Este tipo de iniciativas nos hacen pensar que estamos “un pasito más cerca de la inclusión”.

El problema radica cuando ni siquiera el alumnado tiene la opción de poder participar. Esta situación se da con mucha frecuencia en diversos colegios, y es el castigo sin recreo. Existen numerosos casos de niños y niñas que por diversos motivos se ven castigados y por tanto, abocados a no poder participar durante los juegos del recreo. Esta privación de juego repercute en diversos aspectos evolutivos, ya que mientras que los niños están jugando desarrollando habilidades sociales, aspectos relacionados con el lenguaje y habla, desarrollo cognitivo, físico y motor, etc… Según Wenner (2011) “el juego libre resulta crucial para que una persona llegue a ser socialmente competente, maneje el estrés y desarrolle habilidades cognitivas”.

Atendiendo al artículo 24 de la declaración universal de los Derechos Humanos observamos que dice lo siguiente: “Toda persona tiene derecho al descanso y al disfrute del tiempo libre”. Si los niños son personas, y su tiempo libre y de descanso en la escuela es el recreo, no podríamos NUNCA, castigar sin recreo a nuestro alumnado, ya que estaríamos atentando contra los derechos humanos. Además un castigo tiene por objetivo principal la modificación de una conducta, y en la mayoría de los casos, estos castigos no conllevan ese cambio de conducta, careciendo por tanto de efectividad. 

Hoy en día la educación inclusiva según Echeita y Calderón-Almendros (2014) “no es un simple principio bienintencionado inspirador de las políticas educativas, sino un derecho establecido con toda contundencia moral y la fuerza legal que tienen los derechos fundamentales amparados por las leyes”. Además de porque la inclusión educativa es ya un hecho amparado por la ley, y de respetar los derechos humanos, el recreo es un espacio muy aprovechable donde sacar el mayor rendimiento y potencial de nuestro alumnado en su desarrollo.

En resumen, y como bien aclara Núñez (2015) “los niños necesitan descansar, necesitan jugar, necesitan correr…en definitiva necesitan ser NIÑOS”.

Ilustración de Pablo Álvarez Ibáñez (libro ¿A qué jugamos?) 

Referencias Bibliográficas:

– Echeita, G. y Calderón-Almendros, I. (2014). Obstáculos a la inclusión: cuestionando concepciones y prácticas de evaluación psicopedagógica. Ámbitos de Psicopedagogía y Orientación, 41 (noviembre).

– García, C. (2018). ¿A qué jugamos? Inclusión del alumnado con TEA en el tiempo de recreo en centros escolares. Valencia, España. Psylicom.

– Lagar, G. (2015). Patios y Parques Dinámicos. Oviedo, España. Trabe.

– Núñez, C. (2015). Castigar sin recreo es atentar contra los derechos humanos. [mensaje en un blog]. ERYCA. Recuperado de http://www.eryca.es/castigar-sin-recreo-es-atentar-contra-los-derechos-humanos/

– Wenner, M. (2011). La importancia de jugar. Investigación y ciencia. Mente & Cerebro. Enero/febrero 2011 (46), p.38-45.

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