EXÁMENES… ¿NECESARIOS? ¿SON LA NOTA DE LA EVALUACIÓN? ¿SE PUEDE EVALUAR SIN EXÁMENES?

Cuando en la actualidad se habla de exámenes, encontramos opiniones enfrentadas de toda índole. Hay quien opina que no sirven, algunos hablan de quitarlos, otras personas los ven necesarios, otros hablan de cambiar los modelos, y así, un gran prisma de opciones. Desde mi punto de vista y bajo mi experiencia, creo que debemos pararnos a pensar todas las vertientes existentes en relación a este tema, pues incluso se ha llegado a hablar de la “ansiedad de los estudiantes ante un examen”.

Debemos definir diferentes términos pero principalmente dos, que son evaluación y examen. En este caso, mi visión ante estos términos es la siguiente:

Evaluación: debemos entenderla como la constatación de los aprendizajes adquiridos en un proceso de enseñanza aprendizaje. Dicho esto, debemos entender que se debe evaluar por igual al alumno como al docente (¡ojo!, no se mide si el docente es bueno o malo) en definitiva, evaluar el proceso en sí, de enseñanza-aprendizaje. 

Examen: es una prueba en la que analizamos el proceso de enseñanza-aprendizaje. Recogemos información de los alumnos y de la práctica docente.

Si acudimos a la definición de la RAE:

Evaluación: acción y efecto de evaluar. Estimar los conocimientos, aptitudes y rendimiento de los alumnos.

Examen: prueba que se hace de la idoneidad de una persona para el ejercicio y profesión de una facultad, oficio o ministerio, o para comprobar o demostrar el aprovechamiento en los estudios.

Vistas las definiciones, podríamos hablar de examen como parte de la evaluación, y ver por qué es necesario hacer un examen, o directamente, por qué es necesario tener que evaluar. Hoy en día, vivimos la vorágine de diferentes opiniones y metodologías en las que se plantean no hacer exámenes y en las que se habla de no hacer deberes. Estamos ante un momento de cambio, pero entonces, debemos ser conscientes de la educación que queremos. No puedo dejar de incluir en este tema la inclusión, en la que destacar que cada uno de los alumnos es diferente y tenemos que atender a sus ritmos, a cada uno de ellos.

Si vemos el nuevo paradigma que se plantea, quitamos los exámenes porque generan ansiedad, porque son memorísticos, dependen del estado de ánimo del alumno en ese día, no son necesarios para evaluar… Debemos por lo tanto evaluar de otras formas (existen y ya se usan) aunque realmente, si no tiene sentido medir con un examen, ¿para qué queremos medir de cualquier otra forma?… Debemos analizar lo que planteamos y lo que tenemos. 

Mi punto de vista y opinión personal ante este tema, que conlleva tanta controversia en la actualidad es el siguiente:

  1. Debemos cumplir el currículo, nos guste más o menos, y en el se plasma lo que el alumno debe saber. Esto también plantea constantes dudas en el mundo educativo y en la propia sociedad.

  2. El día a día en el aula es ya una evaluación en sí misma dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, o al menos, lo debería ser. Cada docente es diferente al otro y sus alumnos también son diferentes entre sí y aprenden con cada uno de esos docentes. Los profesores van a enseñar desde su propio aprendizaje y experiencia y por lo tanto, con diferentes formas de transmitir. Otra cosa es que luego se acuerde utilizar diferentes herramientas de evaluación en el aula, pero será igual de válido enseñar ortografía basándose en la programación neurolingüistica, que bajo el enfoque  tradicional (Gómez, 2007; Bustos, 1995; Palacios, 2010 y Martínez, 2004). Aquí también se puede plantear equipos docentes que apuesten por una o por otra corriente.

  3. Los exámenes son pruebas que desde mi punto de vista, hacemos a diario. No entiendo el examen única y exclusivamente como una prueba oral o escrita en un momento determinado. El examen, es la evaluación constante del alumno y de mí mismo, para saber si ellos aprenden y por lo tanto, conocer si mis métodos están siendo efectivos. Es verdad que intervienen muchos factores como las personalidades de los alumnos, sus individualidades, el horario, el carácter del docente ese día… 

  4. Debemos medir en el aula, pero no por saber si un alumno tiene un 5 o un 10, sino por conocer si funciona la metodología con la que estamos formando a los alumnos. Se debe medir desde un punto de vista estandarizado sabiendo que luego tenemos diferentes niveles en el alumnado, es decir, que no es lo mismo un 5 de un alumno que de otro, pues al final intervienen muchos otros factores. El hecho de medir, me ayuda a saber donde estamos, que necesitamos reforzar o que hemos trasladado de manera correcta porque todos lo han entendido. 

  5. La medición no se hace con un examen puntual. El hecho de hacer exámenes es algo que hemos vivido a lo largo de la vida para poder evaluar a los alumnos, pues es una manera muy directa de poder tomar una decisión. Si entendemos la evaluación de otra forma, evaluaremos día a día con los ejercicios de clase, la participación, los trabajos, el cuaderno, etc. Todo aquello que rodea el proceso de aprendizaje, sirve para recoger información de los alumnos. 

  6. Necesitamos por lo tanto establecer mediciones homogéneas en los equipos docentes, porque no puede depender solamente de la visión de cada profesor, pues todos somos diferentes y lo que para uno es un 6, para otro es un 9. En este sentido, debemos tomar decisiones generales con las que registrar el aprendizaje y avance de los alumnos. Por ejemplo, debemos tener claro lo que vamos a evaluar y que porcentaje le damos. Luego entrará en juego el propio docente, pues no somos iguales y cada uno explicamos, enseñamos y compartimos de una manera. De ahí que luego, después de haber medido homogéneamente, cada uno debamos analizar a nuestros alumnos en el momento en el que están y decidamos adaptar por lo tanto la evaluación a la realidad.

  7. Es importante tener claro lo que buscamos en cada uno de los cursos y la continuidad entre los mismos, de tal forma que planteemos un aprendizaje progresivo yen consonancia con los compañeros. No tiene sentido enseñar en diferentes clases de un curso a sumar, mientras en la otra se enseña a multiplicar. Es verdad que hay alumnos que piden más, pero el referente será el mismo para todos. Igualmente, no puede ser que en un curso inferior se de mucha importancia a la ortografía y en otro superior no. 

En definitiva, lo que un docente debe hacer es evaluar el proceso de enseñanza aprendizaje, y en el caso de los alumnos, evaluar cómo y qué aprenden, realizando una recogida de datos continua, durante toda la evaluación atendiendo después a cada uno de los alumnos, en base a sus circunstancias.  Esto no quita que dentro de nuestra recogida de datos pasemos hagamos un ejercicio en el que los alumnos se desenvuelvan para responderlo o resolverlo. Puede ser oral, por escrito o practico, y lo podemos llamar examen, prueba, ejercicio, etc. Lo importante es hacer ver al alumno que es una parte más de su evaluación, y que día tras día en las clases, estamos evaluando. Desde mi punto de vista, nunca debe ser la nota de un alumno la media de sus exámenes, pues hay muchos condicionantes y realmente no refleja el día a día de clase, sino una tarde intensa de estudio memorístico.

En base a esto, os dejo un modelo de “examen” que he realizado este curso a mis alumnos:

¡GRACIAS POR LEERNOS!