ESTRATEGIAS PARA LOS PROBLEMAS DE CONDUCTA.

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¿Quién no tiene en su aula o conoce de cerca casos de alumnos con problemas de conducta? 

Me gustaría daros algunos trucos para conseguir que estos alumnos y alumnas participen en el aula y sobre todo, puedan aprovechar su escolarización de la mejor manera posible. No necesariamente hablamos de niños y niñas con un diagnóstico ya establecido como podría ser el Trastorno negativista desafiante, sino que los problemas de conducta pueden darse de forma aislada, puntual o transitoria igualmente en alumnos y alumnas sin ninguna “etiqueta” concreta pero que igualmente necesitan nuestra ayuda.

  1. Dale un voto de confianza: conoce al niño o la niña antes de dejarte llevar por la “fama” que le precede. Algunas veces, un cambio de profesor puede ocasionar un cambio de actitud radical en los alumnos. Ellos y ellas notan quién confía y quién ha tirado la toalla. ¿Para qué esforzarme si piensan que soy molesto/a? Su autoestima es más baja de lo que parece.

  2. Pregúntale cuáles son sus intereses: por muy apáticos que puedan parecer, siempre tendrán algo que les motive. Si les gusta un videojuego concreto, puedes adaptar tareas con personajes  de dicho videojuego o dejarle que haga un dibujo sobre él al terminar una tarea. Reconoce sus logros por pequeños que sean y ve aumentando la exigencia muy poco a poco, por ejemplo poniéndole tiempos de trabajo con un temporizador, haciendo un registro de logros que vaya construyendo por sí mismo/a, etc.

  3. Organiza el aula de manera que se sienta útil y aceptado: los niños y las niñas sólo quieren pertenecer y sentirse queridos en el grupo (al igual que los adultos). Por eso, dales una responsabilidad semanal que vaya rotando. Deben cambiar de rol y a veces ayudar, otras ser ayudados… ya que por lo general suelen rechazar la ayuda y crearse una coraza de superioridad que no es real. Trata de valorar positivamente sus fortalezas y ayudarle a superar sus debilidades.

  4. Atiende sus llamadas de atención de la forma correcta: en su mayoría, las conductas disruptivas son grandes llamadas de atención. Han perdido el sentimiento de importancia y pertenencia, ya sea en su ámbito familiar o escolar, y es nuestra labor que lo recuperen. Ignorar estas conductas, como se ha hecho tradicionalmente, no es una opción. Hablar con ellos y ellas y darles una nueva motivación de la que puedan ocuparse por sí mismos, les va a empoderar y van a conectar de nuevo con sus fortalezas. Si le ignoras, seguirá sintiéndose cada vez más pequeño y con más necesidad de descontrolarse para llamar tu atención.

  5. No busques culpables, busca una solución: el castigo no es la mejor opción nunca, pero con este tipo de alumnos y alumnas, menos aún. Si ha hecho algo mal y le castigamos o sermoneamos, solo conseguiremos generar sentimientos de venganza y revancha. Hay que hablar con ellos y ellas para conocer la causa de sus conductas y poder buscar una solución con ayuda de todos. Cuando esté calmado o calmada, valida sus sentimientos, empatiza y hazle ver que le comprendes a pesar de haber sido firme y demostrar tu autoridad (que por supuesto, debe estar presente). Sólo así confiará en ti.

     

  6. Genera dinámicas de trabajo centradas en metodologías activas: la innovación es tu aliada. Estos alumnos y alumnas necesitan ser sorprendidos, movimiento, retos… todo ello puede abordarse aunque des clase con un libro de texto. ¡SÍ, SE PUEDE! La gamificación por ejemplo te permite crear un sistema de juego en el que todos los alumnos y alumnas van a participar con más entusiasmo. El trabajo por proyectos puede ser igualmente motivador porque los propios alumnos y alumnas eligen el eje vertebrador (atendemos a sus intereses) y el aprendizaje cooperativo genera mayor posibilidad de atender a la diversidad, de manera que si estos niños y niñas presentan diferente nivel curricular (que a menudo es así), se facilita su atención por la graduación de actividades dentro de un equipo.

  7. Evita comparaciones y señalarle: a veces se nos escapan comentarios hirientes delante de estos alumnos y alumnas. Cuando hablamos con otros profesores en su presencia, cuando delante de la clase le regañas… todo ello va creando una bola de negatividad en el niño o la niña que le genera sentimientos de incapacidad, culpabilidad, etc., que nunca van a propiciar que cambie, sino todo lo contrario. El alumno o la alumna puede pensar que no nos importa aunque por supuesto no es así. Ellos y ellas lo captan todo, pero interpretan como les permite su cerebro “a medio construir”, así que piensa mucho lo que dices en su presencia, y si no sabes si lo que vas a decir es beneficioso, mejor respira, cambia de tema o retírate a tiempo.

  8. Crea una zona para la resolución de conflictos: la mesa de la paz, el rincón de la amistad o como lo quieran llamar los propios alumnos y alumnas. Debe ser una zona tranquila de clase donde acudir a buscar soluciones, dialogar, exponer sus sentimientos, etc. Se deben introducir a nivel grupal dinámicas de cooperación y resolución de conflictos antes de acudir a este rincón por sí solos.

  9. Trabaja las emociones y la atención plena o Mindfulness: está demostrado que si los niños y niñas no tienen un buen conocimiento de las emociones, no saben ni siquiera explicar qué les pasa y por lo tanto actúan sin posibilidad de regular sus acciones. Además vivimos en una sociedad de menores sobre estimulados, que deben hacer esfuerzos sobrehumanos para centrar la atención en un único estímulo. Si ese estímulo es un libro o mirar a la profesora, va a ser más difícil aún conseguirlo si no se entrena. Puedes plantearte 10  minutos de ejercicios de mindfulness al día con tu grupo.  Hay multitud de recursos adecuados a niños y niñas que se pueden hacer en la escuela y va a beneficiar a todos a largo plazo.

  10. Sé flexible, paciente e inclusivo/a: trabaja desde inicio de curso estrategias dirigidas al control de la conducta con todo el grupo, de manera que no se note que haces algo especial para determinados alumnos y alumnas precisamente cuando están mostrando mala conducta, ya que no debemos contribuir más a etiquetarle como niño o niña conflictivo/a. De esta manera trabajamos desde la prevención y evitamos incluso que surjan nuevos casos (no es contagioso, pero a veces lo parece)

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