NUESTRA AULA (COSAS QUE PASAN EN UN DESPACHO DE PAZ Y JUSTICIA)

Decía yo: “en los próximos días contaré alguna anécdota que se haya dado en nuestro Despacho de Paz y Justicia para ilustrar de manera más clara el uso y finalidad de este rincón de nuestra aula”… ¿Cómo es posible que veinte días pasen tan rápido como tres y medio? En fin, a ello vamos. Mis disculpas por mi falta de seriedad en período vacacional.

Comienzo con Paula y Alicia, así como por azar, porque sucede lo mismo con unas cuantas miembros más de la Tribu. Despiertan en mí verdadera fascinación aquellas parejas de niñas (somos protagonistas en número las féminas, catorce frente a tres) que fluctúan como la vida misma entre la polaridad de opuestos, la unión y el rechazo, el amor y el odio, la atracción más primaria y la aversión más visceral. Cada vez que las observo en acción en este “Despacho” compruebo cuánto de útiles y valiosas pueden ser ciertas herramientas básicas puestas a su disposición, apropiadas para solucionar aquello que las separa, que las distancia y que provoca en ellas sufrimiento por no poder estar en paz consigo mismas estando en conflicto con su semejante, con su compañera, su “amiga del alma”.

Cuántas veces se ha dado en el curso… Llegan con su excitación del recreo y me suplican acceder al Sofá Reconciliador urgentemente para hablar sobre un problema que han tenido que las mantiene superenfadadas. Sus rostros serios y apesadumbrados así me lo confirman. Es conmovedor ver de reojo desde el fondo del aula cómo dicha inquietud interna se va amainando y finalmente se disuelve por completo en un abrazo eterno que les ilumina los ojos.

En fin, contaría anécdotas de cien en cien, pero aquí lo dejo para centrarme ya en el siguiente artículo dedicado a otro espacio. Muy chulo y funcional también… ¡Ni más ni menos que un spa! ¡Hasta la vuelta!

 

 

¡GRACIAS POR LEERNOS!