NUESTRA AULA (CUESTIÓN PRIORITARIA, EL PORQUÉ)

18/02/2019

Lo prometido es deuda, y más en un blog como este, en el que se está tan a gusto compartiendo nuestro trabajo docente y educativo, aunque sea en pleno verano.

Comienzo, como ya anticipé en la anterior publicación, otra pequeña serie de artículos centrados en describir lo que considero una parte primordial en nuestro quehacer diario: el aula, ese lugar en el que pasamos tantas y tantas horas (y a la vez tan pocas cuando lo gozamos tanto…) y que solemos llamar “segundo hogar”. Precisamente por esto, considero que el ambiente físico, la distribución y decoración espacial de una clase (omitiendo ya la del centro entero), es un condicionante clave para el adecuado desenvolvimiento del proceso de enseñanza-aprendizaje, dada la trascendental repercusión que tiene en nuestro comportamiento actitudinal y emocional. 

Por ello, y complementando la programación de actividades que ya fuimos describiendo de apertura al mundo exterior (bien porque literalmente salimos, o porque lo introducimos en nuestra aula), el cómo organizar los espacios, seleccionar el mobiliario, valorar sus funciones, analizar formas y colores, y estudiar cuidadosamente la logística de acciones pedagógicas que se van a llevar a cabo entre estas cuatro paredes es, sin duda, uno de los principales objetivos que me marco antes de comenzar un nuevo curso, y que destaco por la relevancia que, año tras año, compruebo que tiene.

A pesar de la anquilosada arquitectura tradicional que prevalece en nuestras escuelas, sigo defendiendo a ultranza que preparar y transformar este habitáculo supone la idónea antesala del éxito a nivel comportamental y académico, pues es el pequeño mundo en el que cada niño y niña vive y experimenta… ¿Cómo no ponerle sumo esmero a la hora de pensar en cada detalle?

 

Sin extenderme más con los porqués de un aula “chachi” explicaré, a través de anécdotas, cómo mi pequeña tribu de diecisiete maravillosos “Maestros” se fueron agenciando múltiples aprendizajes cada día, desde el regocijo de disfrutar y compartir en un espacio accesible y cómodo, eficaz, alegre, dinámico, colorido y luminoso, en definitiva, vivo y con esa atmósfera que si te vas echas de menos, y si vuelves reconoces nada más abrir la puerta.

Voy a permitirme la licencia de ir describiendo del listado de “ESPACIOS DEL AULA DE LA TRIBUCHACHI” (mostrado en el artículo introductorio) los que me surjan, en desorden y por evocación de situaciones que me vengan a la memoria, que para eso estamos de vacaciones. Si bien todos son mis favoritos, los dos por los que voy a empezar son quizás con los que personalmente más disfruto al ver cómo me piden acceder a ellos por puro deseo o necesidad y poder observar desde lejos (y a veces también de cerca, respetando la privacidad) cómo los usan y se van gestionando según los sucesos que se estén dando. Son:

  • La ALCOBA EMOCIONAL, junto a una CABINA DE RELAJACIÓN y una DESPENSA DE “AP” (Atención Plena).

  • El DESPACHO DE PAZ Y JUSTICIA, con un GABINETE DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS y una DELEGACIÓN DE VALORES.

En estos días os cuento lo que aquí se tiene dado, que ahora toca playa…

 

¡Hasta la siguiente, y tiro porque me lleva la corriente!

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1 Comentario

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